Bendita 'Convergencia'




Por Antonio Vega

Bienvenido Julián Gutiérrez describió las imágenes de una canción perfecta para convertir en eterna la caprichosa línea en que hombre y mujer están destinados a converger. Y lo hizo sin quejidos lagrimosos, ni lamentos, simplemente, sacando de las entrañas del corazón unos versos breves, escritos en dos estrofas, que nos hablan del desengaño del amor idealizado. ¿Qué amor? Cualquier desamor. Marcelino 'Rapindey' Guerra, sonero grande y eterno, le tejió poco después, las notas musicales, de extremada sencillez melodiosa, para engrandecer aún más los versos del poema. Corría el año 1938. Había nacido Convergencia, un bolero perfecto.


Pequeñas pinceladas alimentan distintas reseñas que rescatan del olvido a los dos autores de Convergencia, canción que muchos incluyen entre las diez mejores de la música popular cubana. Reseñas que hablan de un sonero sin voz ni rostro, Bienvenido Julián Gutiérrez, un poco loco y soñador, que hablaba sólo por la calle, sumergido quizás, dicen, en la búsqueda de una nueva melodía o un nuevo verso. Y que cuentan que nació en la Habana Vieja. Allá por 1900, y que allí, en sus acalorados barrios, calles y solares descubriría el guaguancó y la rumba de cajón. Un ambiente de cafés, tabacos y sonidos del son, que le reclutaría en un abrir y cerrar de ojos. Y dicen que en esos ambientes de guitarras y estribillos, Ignacio Piñeiro, le reclutaría para formar parte de La clave Los Roncos. Hecho que no duró, porque Bienvenido Julián Gutiérrez no sabía cantar, ni tocar instrumento alguno e, incluso, desconocía el lenguaje del pentagrama. Y, aún así, en un cambió de tercio, tocado por los dioses, se puso a componer su rumba y su guaguancó para que la sonasen otros en aquellos años de esplendor, en que la música cubana se fue desparramando como gotas de aceite por el mundo.

Compuso cerca de 500 piezas, una extensa obra musical construida a base de versos directos, y que llena de amores y escozores, de burlas y jolgorios callejeros.
Y lo hizo hermanándolas con las melodías y tumbaos de una música sumergida, en esencia, en la guaracha y el son que tan bien retrata los modos de hacer, pensar y sentir de los cubanos. Ahí están como prueba ‘El huerfanito’ - eterna es su versión en voz de Abelardo Barroso - , la conga 'Sensemayá', 'Tú te acordarás', 'El habitante', 'Los tres Juanes', 'Hagan juego' o 'El diablo tuntún'. Y con esas, la eternidad, que alumbra a aquellos que dejan para la historia aunque sea una sola y universal canción.

Convergencia, nació cuando Bienvenido Julián Gutiérrez fue en busca de Marcelino 'Rapindey' Guerra con un papel en el que tenía escritos sus versos; unos versos que ni él, ni otros compositores habían sido capaces de musicalizar. No sabemos dónde fue, ni cómo, ni la razón que lo motivó. Quizás, aquel encuentro, tuvo lugar en alguno de los populosos kioskos de Playa de Marianao, donde la rumba y el son había tomado asiento, o bien en una de las noches de bohemia, juerga y descarga de los garitos de Centro Habana, a las que eran asiduos devotos en los años 30 compositores, intérpretes y músicos de toda índole. O, simplemente, se debió a que como compositor, Marcelino 'Rapindey' contaba ya a sus espaldas con algún que otro renombrado éxito, como 'La Clave Misteriosa' (1936) y el bolero 'Maleficio' (ambos de autoría conjunta con su amigo y letrista Blanco Leonard, lo que le ponía en la lista de candidatos más propicio para el intento.

El primero en grabar el número fue el Cuarteto Caney de Machito Grillo en julio de 1939, en Nueva York. Lo cantó, entonces, el puertorriqueño Johnny López. Una pieza perfecta en ejecución pero carente de la llama viva que le imprimirían más adelante otros célebres intérpretes. Uno de ellos, quizás el que más engrandeció el bolero con arreglos de Emiliano Salvador, fue Miguelito Cuní, quien en 1958, casi veinte años después de su creación, lo grabaría con su septeto en el disco 'Sones de Ayer', editado por sello Gema con temas exlusicos de Bienvenido. En el grupo se encontraban, entre otros, el grandísimo Niño Rivera, quien dirigía el piquete a la par que tocaba el tres. El disco incluía entre otras piezas del autor 'Los tres juanes', 'Cobarde no', 'El cielo tenebroso', 'El diablo tun tun' o 'Donde va Chichí'.

“Yo nunca pensé que Convergencia tuviera ese éxito. Lo grabé de casualidad. Sucedió en el año 1957 me llamaron para imprimir un disco con un canto afro y un bolero... Me dieron la oportunidad de elegirlo y entonces se me ocurrió Convergencia con un arreglo informal…” , señalaría Miguelito Cuní en mayo de 1983, antes de fallecer, al periodista e investigador Luis Betancourt en la Revista Bohemia.

Ya en 1981, Miguelito Cuní volvería a elevar a los altares la pieza. Y fue a raíz de si incorporación al elenco de Las Estrellas de Areito, conformadas por Félix Chapottín, bajo la dirección de Enrique Jorrín. Con ellos viajó a Venezuela en mayo de 1981, actuando varias veces en el Poliedro de Caracas. Allí sorprendería nuevamente cantando, como nadie lo ha hecho, el vigoroso Convergencia, bajo el respaldo del conjunto Sonero Clásico del Caribe.

Poco después, lo cantaría junto a Pablo Milanés. La televisión a color nos dejó para la memoria de siempre dicha estampa. El trovador acabaría incluyéndolo en su repertorio y celebrada es su versión con Caco Senante en uno de sus discos.

Así fue como Convergencia acabó por hacerse eterno, multitud de artistas lo han versionado. Maravillosa, de intensidad sublime, es la versión de Ibrahim Ferrer en su póstumo 'Mi Sueño'.

Pero Convergecia no deja de ser una más de la larga lista de joyas que sus autores legaron a la posteridad. Bienvenido Julián Gutiérrez alimentó con sus canciones los repertorios de los tríos, septetos y sextetos de son, charangas y conjuntos de los años 40. Y Marcelino Rapindey Guerra, considerado por muchos una de las mejores segundas voces de Cuba, continuaría su carrera alumbrando a los mejores. Si en los 30 pasó a formar parte del Septeto Habanero, el Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro o el Cuarteto de Hatuey, sería el Trío Oriental y el Conjunto de Arsenio Rodríguez, los que le dieran acomodo en los inicios de los 40, hasta que en 1944 tomó el camino de Nueva York, siguiendo la estela de muchos otros músicos que abandonaron la Isla por aquella época. En la ciudad de los rascacielos tocaría con las orquestas de Machito y Mario Bouza, y acabaría grabando con su propia orquesta otros grandísimos temas, como 'Bruca Manigua', 'Tierra va temblá', 'Sin San Sore' y 'Yenye', 'Un poquito más', 'Sin comprender' o 'Tu baila con ella'. Aunque memorables son otras muchas piezas que nos fue dejando por el intenso camino musical que recorrió a lo largo de su vida. Suyas, reconocibles e irrepetibles son, por ejemplo, 'Quién será', 'Canto para ti', la magistral 'Me voy pal pueblo', 'Un lamento en las tinieblas', 'Eso dices tú', 'Maraca y bongó', 'Cada uno pa' su lao', y muy especialmente el bolerazo ‘A mi manera' o ‘Pare cochero’, creada en sintonía con Miguel Angel Banguela, y que con el tiempo se ha convertido en una pieza imprescindible en cualquier repertorio cubano.

Marcelino 'Rapindey' Guerra nos dejaría en España en 1996. Bienvenido Julián Gutiérrez lo hizo 30 años, en 1966 en la Habana.

A Ambos gracias. Bendita convergencia.