En la Memonia, Eliseo Grenet y su ¡Ay, Mama Inés!


Antonio Vega. Enero 2010

Suene el piano y la pequeña voz de Bola de Nieve recita los versos de ‘Vito Manué tu no sabe ingle’. Se escucha ‘¡Ay mama Inés¡’ y el nombre eterno de Rita Montaner sale a su encuentro. Pero si mencionamos a Eliseo Grenet, pocos, muy pocos, sabrían asociar su nombre a estas dos joyas de la música cubana. Es lo que suele ocurrir con los compositores. Sus obras no les pertenecen. Dejan escritas partituras y libretos para la gloria de los que le ponen voces, pasando al anonimato y muchas veces al olvido. Por eso deberíamos preguntarnos, al menos de vez en cuando, de dónde son los autores. A los cantantes de sobra les conocemos. Y a Eliseo Grenet, uno de tantos, se lo debemos.

Eliseo Grenet, pianista, y uno de los más famosos compositores y arreglistas de su época, nos dejó una obra universal y amplió el horizonte de la música cubana más allá de sus fronteras. Compuso zarzuelas; musicalizó obras teatrales y películas; incursionó en el jazz; internacionalizó la conga en los circuitos europeos y americanos; creó algunas memorables piezas musicales y, como colofón redescubrió el sucu-sucu.
‘Lamento cubano’, ‘El sitierito’, ‘Si me pides pescao’, ‘Comparsa de los congos’, ‘Negro Bembón’, ‘Tabaco verde’, y maravillosas piezas como sus ‘Motivos del Son’ con poemas de Guillén o los sucu-sucu ‘Felipe Blanco’, y ‘Domingo Pantoja’, que junto a la mencionada ¡Ay, mama Inés!, son una prueba palpable de todo el talento que atesoró a lo largo de su vida.


Nicolás Guillén, en una reseña escrita días después de su muerte en 1950, dijo de él que fue “un pedazo del folklore musical de Cuba, un compositor fresco y fácil, cuyo sentido «bachatero» del ritmo expresa una manera que siendo mulata es profundamente criolla y nacional”.

Y es cierto. Fue todo ello y quizás algo más. Grenet fue amante fiel a la esencia de la música cubana, y a la complejidad de su mestizaje, que supo trasladar al mundo con un estilo y lenguaje eminentemente universal.

Biografía

Eliseo Grenet vino al mundo el 12 de junio de 1893, y lo hizo en la Habana. Cuba entonces aún pertenecía administrativamente a España, aunque su corazón ya latía a su ritmo. En 1895, acontecería El “Grito de Baire”, que señalaría el inicio de la guerra y Cuba inauguraría el siglo XX con su Independencia. Son años, pués, convulsos; de cafés, tertulias, crisis económica, y mucha política. Años en los que pronto el niño Eliseo Grenet comienza a mostrar su talento innato para la música. A los cinco inicia los estudios de piano, y a los 9 estrenó en una fiesta escolar su revista musical 'La Geografía Física'. Años de descubrimientos y continúo aprendizaje en el Conservatorio, que pronto compaginaría con esporádicos trabajos. Así, con 12 años, Grenet pasa a amenizar con su piano las películas mudas en el cine La Caricatura, en la calle Galiano , por un dólar diario.






Su Orquesta Típica Cubana y el teatro lírico

Pero muy pronto, al talento de Eliseo Grenet se le abriría las puertas del teatro lírico que, por entonces, marcaban el gusto musical de los cubanos. Con apena dieciséis años pasaría a dirigir la orquesta del teatro habanero Politeama, inaugurado en 1909, situado en los altos de la Manzana de Gómez, en la Habana Vieja, e inicia la composición de sus primeras piezas, que grabaría con su Orquesta Típica Cubana, armada de flauta, piano, tambor, güiro, violines y figle. De ese periodo datan algunos de sus temas criollos y danzones más destacados. ‘La Mora’, ‘Si muero en la carretera’ o ‘Si me pides el pescao’. Producción musical que compagina también con sus primeras piezas teatrales y zarzuelas, como ‘La Toma de Veracruz’, que estrenaría en 1914 el teatro la Alhambra.

En todas ellas, ya se percibe con claridad los matices mestizos de sus creaciones, en la que se evidencia una importante influencia del movimiento afrocubano, que iba empapando gran parte de la creación literaria e intelectual de la época.



Por entonces, la música cubana tenía en el teatro lírico el máximo exponente para la creación y los escenarios de los teatros cubanos se llenaban de conciertos, donde las voces líricas de extraordinarias intérpretes, acompañadas la mayoría de las veces tan sólo por un piano, cantaban arias y romanzas, haciendo las delicias de un público fiel y entregado.

Este movimiento musical echaría raíces también en una importante colección de zarzuelas cubanas, que van abandonando sus marcadas influencias españolas, para llenar sus tramas y músicas del sabor criollo y de su mestizaje musical.

Ernesto Lecuona desempeñaría un papel fundamental en todo ello. al hacerse cargo de los Conciertos de Música Típica Cubana, inaugurados en 1922 por Eduardo Sánchez de las Fuentes, e iniciaría un movimiento del que surgirían para el mundo voces como las de Rita Montaner, Caridad Suárez o Esther Borja, que llegarían a recorrerlos teatros del mundo entero.

Son años pues muy prolíferos para el autor. Eliseo Grenet suma a ‘La Toma de Veracruz', las zarzuelas ‘La Virgen Morena’ o ‘El submarino cubano’. No deja de componer para el teatro e incursiona además en otros géneros y ritmos que, llegados los años veinte, tomaronposesión del espíritu musical de la isla. Nos referimos al son y a las orquestas de jazz de influencias americanas.

Así, en 1925, Eliseo Grenet llega a fundar su propia banda de jazz, haciendo las delicias del público de los populares cabaret Montmatre y el Jockey Club. Y en 1926, se une al reconocido actor y director del teatro bufo cubano, Arquímedes Pous, para hacerse cargo de la dirección de la orquesta de su compañía en el Teatro Cubano. Ven la luz, entonces, sus composiciones para las obras ‘Bohemia’, ‘Como las golondrinas’, ‘El mendigo’, ‘El santo del hacendado’ o ‘El tabaquero’, con libreto del propio Arquímedes Pous.

¡Ay, Mama Inés! ve la luz

Pero será en 1927, cuando le llegue su mayor el éxito. Eliseo Grenet estrenaría conjuntamente con Lecuona y con libreto de Aurelio Riancho, la zarzuela ‘Niña Rita’, que incluía el famoso tango- congó ‘¡Ay, mamá Inés!’, y que convertiría en eterno y universal la voz de Rita Montaner.



El texto se inspiraba en un argumento de sainete costumbrista del XIX, que narraba la historia de Mama Inés, una negrita conga esclava y rumbosa, la cual recrea su tiempo bailando con un habano cubano en las manos. Ritual este, que sólo interrumpe para saborear, una taza de recién colado café. Se trataba pués de personaje de la Cuba colonial que, según algunas investigaciones, ya formó parte de un número comparsa representado en 1868; otras, sin embargo, lo fechan en 1879.

Su estreno se produjo el 29 de septiembre de 1927, en el Teatro Regina, actual Casa de la Música de la Habana. La obra se iniciaba con la afamada canción. Rita Montaner salía al escenario y, mientras el personaje lustraba unos zapatos, cantaba ¡Ay, mama Inés!... Sin embargo, en un inicio, la pieza musical pasó desapercibida para el público.

Riancho dijo que ello se debió a la mala práctica existente en la época de acudir tarde a las representaciones. Ello provocaba que habitualmente se perdieran el inicio de las obras, como fue el caso. Una mala costumbre, por otra parte, que rige todavía hoy en La Habana e incluso en muchos lugares de España.

Al parecer, Lecuona, oportuno y visionario, convenció a Eliseo Grenet de que trasladase el número de la primera escena para el quinto cuadro de la obra. Y así lo hicieron días después. Con ello, llegaría el éxito y cambió el sino de la historia. Las reseñas de la época hablan que el público salía del teatro tarareando el pegadizo estribillo: ¡Ay, mamá Inés!... ¡Ay, mamá Inés!.... ¡Todo´ lo´ negros tomamos café! Y la interpretación de Rita Montaner se convirtió en la gran revelación de la temporada.



Al año siguiente, Rita Montaner viajaría a París, para sustituir a Raquel Mayer; y con ella viajaría su Mama Inés, siendo aclamada por crítica y público. Ya en el 28 grabaría en Estados Unidos sus primeros discos, con piezas memorables como ‘Canción Azul’ y ‘Siboney’, de Lecuona; ‘El Manisero’, de Moisés Simons y, en la que se incluye ‘¡Ay, mamá Inés¡

Alejo Carpentier testigo directo del éxito que tuvo Rita Montaner en París escribiría que la canción “olía a trópico, tenía fragancia de fruta al sol, y auténtica alegría arrabalera”. Y en España, su éxito fue tal, que años más tarde, en los 40, los combatientes españoles de la División Azul, que fueron a luchar a Rusia al lado de las tropas alemanas durante la Segunda Guerra Mundial, la cantaban en sus ratos de ocio.

Pero, ¡Ay, mama Inés!, daría para escribir curiosas historias. La propiedad del disco de gramófono, provocó un pleito entre dos casas impresoras de discos. La Víctor Talking Machine y la Columbia Gramaphone, llegaron a disputarse su propiedad literaria en los tribunales.

Así lo recogía, en una breve reseña, en su edición del 11 de octubre de 1928, El Heraldo de Madrid. El juez encargó a un agente su documentación, quien determinó que la canción ya se cantaba en un sainete en el año 1879, siendo representada en el antiguo teatro del Correo.

El juez acabaría declarando a ¡Ay, mamá Inés! de dominio público, señalándose además que la reclamación de las discográficas se basaba en una falsa inscripción en el Registro de la Propiedad Intelectual.

¡Ay, mamá Inés!, se convertiría con el tiempo en una de las canciones cubanas más reconocidas en el mundo entero. Una pieza, símbolo de su identidad, cuya popularidad llega hasta nuestros días.

Los motivos del Son y "Vito Manué tu no sabe inglé" de Guillén

Pero mientras todo eso sucedía, Eliseo Grenet seguía envuelto en su música y abriendo nuevas parcelas para la expresión de su universo musical. En 1930 musicaliza los poemas ‘Motivos del son’, de Nicolás Guillén, uno de los cuales, 'Vito Manué tu no sabe inglé’, universalizará Bola de Nieve, quien precisamente, la utilizó en su inesperado debut en México. Bola de Nieve acompañaba en una gira a Rita Montaner, y los músicos le obligan a subir al escenario de un teatro capitalino para cantar en público el número, que entre bromas solía cantarles a ellos en la intimidad. El público le aclama. Ello supondría el inicio de su consagración.

Tras la presentación de ‘Motivos del son’, Grenet inicia una larga gira internacional con la compañía teatral de Tous, que le llevaría por distintos países latinoamericanos. De vuelta a la Cuba de Machado, trabaja, entre diciembre de 1931 y enero de 1932, en Payret en calidad de director de la Compañía Grenet-Robreño.

Lamento Cubano y el exilio

Este año ve la luz su ‘Lamento cubano’ que, compuesta con letra de Teófilo Radillo, marcaría su devenir futuro al convertirse en un canto contra la dictadura.

Emisoras de radio clandestinas – se dice- iniciaban sus transmisiones con la canción. Su letra evidenciaba ese lamento: Oh, Cuba hermosa, / primorosa, / ¿por qué sufres hoy/ tanto quebranto?... Oh, patria mía, / quién diría/ que tu cielo azul/ nublara el llanto.

Eliseo Grenet se vio obligado a abandonar Cuba, dando un cambio de dirección a su carrera y sumándose además a la larga lista de músicos cubanos que, por aquellos años, y distintas razones, tomaron rumbo a Europa y los Estados Unidos, entre ellos el propio Moisés Simons. Más adelante lo haría Lecuona.





Su paso por España

El destino escogió, para Grenet, España, donde llegaría en mayo de 1932 para dirigir la orquesta del Casino San Sebastián, en Barcelona. En España, su Mamá Inés ya triunfaba y rivalizaba en popularidad con 'El manisero', de Simons.

El 21 de julio, en el Teatro Nuevo, de la capital catalana, estrenaría la zarzuela ‘La virgen morena’. Su éxito le llevaría a Madrid, donde se interpretaría en el teatro Fuencarral, el 1 de febrero de 1933, alcanzando las mil representaciones.

La reseña del diario ABC de entonces rezaba así:

“A las once fondeó al escenario La virgen morena, con un buen cargamento de canciones, rumbas y danzones, sin nada de relajo, savia popular que vitaliza la partitura que para esta obra a escrito el maestro Grenet, una partitura melosa y acariciadora, dulce y sabrosa como un plátano".
Y sentenciaba: “la zarzuela se aplaudió a toda vela, bisándose toda la música”.

Noches de bohemia cubana y Paris descubre la Conga


Pero España era un destino de paso. La siguiente parada: 1934, París, donde un tropel de grandísimos músicos cubanos llevaban asentados bastante tiempo.

La música cubana por entonces vivía una eclosión que se traduce también en viajes de ida y vuelta por todo el mundo. En Cuba, en los años veinte explota el son, haciendo aparición los primeros sextetos. Paralelamente a todo ello, comienzan a aparecer nuevos formatos, estructuras, se crean las primeras jazz band, que abrirían nuevos caminos musicales. Era un proceso musical vivo, abierto, en constante movimiento, en que la música parida en la Isla se riega por todas partes, gracias al disco, la radio y, por supuesto a los promotores europeos y norteamericanos, que contratan giras internacionales para las orquestas cubanas para llevar sus ritmos a todas partes del mundo.

En aquellos años, exactamente en 1929, en la Exposición Internacional de Sevilla, el Sexteto Nacional llega a obtener un Premio con un son de Rosendo Ruiz Suárez, el 'Manisero' se hace internacional y Rita Montaner canta por todos los teatros del mundo. Una explosión de la que Elisio Grenet sería también protagonista principal, tras su llegada a Paris, donde las noches de bohemia de la rue Fontaine, se habían convertido en una pequeña Cuba musical, llena de clubs y cabaret que trasnochaban a ritmo de rumbas y sones.

Allí estaban La Coupoule, el Melody’s Bar, con la orqueta de Barreto, La Rotonde, el Jimmy, y por supuesto La Cabane Cubaine, desde donde, a partir de 1928, la orquesta de los hermanos Alcides y Eduardo Castellanos se habían alzado, con sus sones y rumbas, haciéndose los amos de la noche parisiense, y por donde desfilarían, entre otros Simons y Grenet.



El fotógrafo Brassai dejaría algunas imágenes del ambiente de la Cabaña Cubana para la historia y Alejo Carpentier, testigo directo de la bohemia musical cubana de las noches parisiense escribía al respecto:

"A la hora en que la claridad del alba se pinta sobre los techos de la capital, el estado mayor de nuestra música suele verse reunido en La Cabaña Cubana. El estrado de la orquesta se transforma entonces en un maravilloso tinglado de valores criollos. Los compositores, los ejecutantes, desfilan ante el piano o el arsenal de la batería, ofreciéndonos las mejores muestras de su talento. Simons y Grenet nos presentan sus últimas creaciones -hits de mañana-; Barreto ejecuta su solo de percusión; Cuevas hace correr dedos ágiles, sobre su trompeta milagrosa; Heriberto Rico, alejándonos por un instante de Cuba, interpreta en la penumbra la Syrinx de Debussy: luego, Collazo vuelve a implantar los prestigios y misterios de la música tropical... Y, desde un rincón, Buster Keaton -que frecuenta asiduamente La Cabaña Cubana- se entrega de lleno al sortilegio de nuestros ritmos, contemplando el mágico cuadro con sus ojos adormecidos de caimán viejo..."

En Paris, el compositor se enrolaría de entrada, junto a su hermano Ernesto, en la orquesta del trompetista Julio Cuevas, contratado a la sazón para darle sabor al cabaret La Cueva, que por entonces, abría sus puertas para sumarse a la larga lista de locales de ambiente cubanos de la ciudad del amor. Julio Cuevas, por cierto, acabaría en el 36, enrolado como brigadista en las filas republicanas durante la Guerra Civil Española.



De alguna manera, el cabaret La Cueva, se convertiría en su nuevo centro de operaciones de Eliseo Grenet, aunque, evidentemente no el único. Allí presenta la conga en sociedad para que el público europeo la baile, tars haber caído rendidos a los encantos del son. Su tema, ‘La comparsa de los Congos’, cabeza visible de este nuevo ritmo, causaría furor entre el público parisino. Algo que Rita Montaner, interpretando ‘¡Ay, mama Inés!’, ya había logrado en sus presentaciones en el Palace.

“… ingleses y franceses la bailan o hacen esfuerzos por bailarla. La movilidad y el dinamismo de esa música vencen todos los escrúpulos. Muchachas oxigenadas, que nunca salieron de París, cobran impulsos tropicales y exigen el bis a gritos. Los archiduques rusos pierden sus monóculos. Los yanquis gritan: ‘¡Oh, wonderful!”, retrató así Carpentier el ambiente.

Pero no acabaría su periplo viajero. Eran tiempos de esplendor, en que las editoras norteamericanas no paraban de grabar la música bailable que generaba la Isla, no siempre de calidad. A ellos se sumaría además la industria de Hollywood, que con la llegada del sonoro en los treinta supo adivinar el potencial que atesoraba lo cubano para el séptimo arte.

Nueva York, tiempos de cabaret y cine

Así que, Eliseo Grenet volvería a cruzar el charco. Llega a EEUU y Nueva York le recibe en 1936 con los brazos abiertos. Allí dicen provocaría una auténtica revolución con la conga. Salones de baile, locales nocturnos y teatros se llenaría al ritmo que marca su compás, lo que le abre las puertas, también, de la gran pantalla.

En el corazón de Nueva York fundaría su cabaret Yumurí, situado entre Broadway y la calle 52; y en el 1938 presentaría la revista ‘La Conga’, primero en su club, y más tarde, en el Teatro Hispano.

No fue lo único. Columbia Records y Brunswick Records grabarían su obra. Y el cine saciaría su apetencia musical por lo cubano, contratándole para la musicalización de películas como ‘La Princesa Tam-tam’; ‘Escándalo de estrellas’, ‘Conga bar’; ‘Estampas coloniales’; ‘Milonga de arrabal’; ‘Noches cubanas’; y ‘Susana tiene un secreto’.

En este video Pedro Infante interpreta su "Belén", para la película: Angelitos Negros(1948)

A la Habana retorna poco después de la muerte de Machado, pero lo hace sin dejar su residencia norteamericana y continuar trabajando por México, Brasil, Argentina.

Cuba le concede la Gran Cruz de la orden Carlos Manuel de Céspedes, y el 26 de abril de 1943 se le organiza un concierto de despedida en el teatro Fausto, en el que participa Rita Montaner.

Regreso a Cuba y nos regala el sucu-sucu

Años después, en 1946, vuelve a La Habana, donde su guajira ‘El sitierito’, otra obra maestra, obtuvo el primer premio en el Concurso de la Canción Cubana.

En 1946, aprovechando una visita a la Isla, la revista Bohemia escriba un artículo sobre la estancia del autor en Argentina para trabajar en Radio Belgrado, donde cosecharía éxitos con 'Facundo', que grabaría, entre otros, Celia Cruz y la Sonora Matanceray la artista argentina Libertad Lamarque, 'He robado un amor', 'El guajiro alegre' y 'Eso eres tú'.

"Triunfo resonante fue también el que ganó con La conga atómica, creada y estrenada 24 horas después de estallar la primera bomba atómica en el Japón. El estribillo de «la conga atómica, se va pulverizando/ y hasta en Corrientes/ Cuba está arrollando» se repitió hasta el cansancio en los centros más elegantes de la capital argentina", reseñaba entonces la Revista.

En aquellos años, Eliseo Grenet, defensor a ultranza de la música tradicional cubana, mantenía una visión muy critica contra el surgimiento de nuevos ritmos, como el Mambo, que consideraba la estaban deteriorando y la alejaban de su esencia.

"Lo lamentable y lo penoso, cuando se sale de Cuba, es constatar que las letras de nuestras canciones, sones o danzones adolecen de defectos y gravísimas fallas, inclusive gramaticales. En nombre del afrocubanismo se está fabricando una mercancía artísticamente deteriorada. Y si esto duele, cuando se nos censura fuera de la Isla, también afecta que nuestros compositores elaboren música impregnada de ritmos extraños", dejó dicho en Bohemia.

En 1947 regresaría a Cuba definitivamente, para rescatar del olvido y popularizar el sucu-sucu, ritmo originario de las Isla de la Juventud, del que se enamoró y consideraba “libre de la odiosa contaminación extranjerizante” . Así compuso ‘Domingo Pantoja’ que inmediatamente se convirtió en un éxito. Lo mismo ocurriría con ‘Felipe Blanco’.

La muerte llegó de sorpresa el 4 de diciembre de 1950. Tenía 57 años y se lo llevó un infarto cerebral.

Escribió Nicolás Guillénque lo hizo “de un tirón, de un solo trago, sin dejarnos tiempo para verle y consolarle”.

Fue sepultado mientras se ejecutaba su 'Lamento cubano' por la Banda Municipal, bajo la dirección de Gonzalo Roig.

Cuando escuches a cualquiera tararear su ¡Ay Mamá Inés¡ acuérdate de él.

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